lunes, 17 de agosto de 2020

FERRUCCIO BUSONI: Un artista en casa

Como el entorno o el ambiente que rodea a un individuo refleja a menudo su personalidad, siempre es un tema de gran interés conocer el contexto en el que se desenvuelve un músico. Quedar con él lejos del resplandor de los focos, en la  privacidad de su hogar, proporciona un mayor conocimiento íntimo del artista como persona. Siendo consciente de lo difícil que es tener una oportunidad así, estoy agradecido porque he podido disfrutar de este privilegio en numerosas ocasiones, incluso con artistas que suelen ser fríos y distantes. Me habían comentado que Busoni era una persona de difícil acceso y que si quería verlo, la única forma de hacerlo era presentándome en su casa sin previo aviso, y a lo mejor podría tener la buena suerte de encontrarlo allí y de que deseara recibirme. Como no quería que le pillara de sorpresa, esperé en silencio hasta que recibí la nota siguiente: “Aunque no me gustan las entrevistas, si viene a tomar el té el jueves por la tarde, será bienvenido.”

Ferruccio Busoni
Dominio público

Busoni vive en un majestuoso apartamento cuyas vistas dan a la preciosa plaza Victoria Luise, en la nueva zona oeste de Berlín. La señora Busoni nos recibió cuando llegamos y nos llevó hasta el maestro, que se encontraba en un agradable rincón de la biblioteca y nos saludó. Nos sirvieron el té, a cuya pequeña reunión se habían unido un par de invitados más y enseguida estábamos en medio de una animada conversación en la que se hablaba una mezcla de francés, alemán e inglés.

Durante nuestra viva conversación, no pude evitar echar una ojeada de vez en cuando a la gran biblioteca en la que nos encontrábamos, observando el mobiliario – que ya de por sí era una obra de arte – y las hileras e hileras de volúmenes con encuadernaciones de lujo que cubrían las paredes. Ahora entiendo las palabras del doctor Johnson cuando dijo que cada vez que veía estanterías llenas de libros, siempre quería estar lo más cerca posible de ellas para leer los títulos, porque la elección de los libros muestra la personalidad de su dueño. 

En ese momento, Busoni se dirigió hacia mí: “Estoy componiendo una rapsodia sobre temas indios americanos.”

“¿Cómo consiguió las melodías?” – le pregunté.

“Gracias a una señora encantadora, una campesina, la señora Natalie Curtis. Se ha tomado mucho interés por este tema y me ha ayudado muchísimo”. 

“Uno de los periódicos musicales alemanes ha anunciado que está a punto de dejar Berlín y que ha aceptado una oferta de trabajo en otro destino. ¿Es España?”

“Quiero marchar de Berlín por un tiempo e iré a Bolonia”, admitió. “Quizás pensó que se trataba de España” – dijo con una picarona mirada y un brillo humorístico en sus ojos. 

“La oferta que me ha llegado desde Bolonia me parece muy atractiva. Me quieren nombrar director del conservatorio pero no estoy obligado ni a vivir en la ciudad, ni tampoco a dar clases. Sin embargo, iré un tiempo y es muy probable que imparta docencia. Voy a dirigir seis conciertos de orquesta durante la temporada pero aparte de esto puedo ausentarme tanto como desee. Seguramente cerraremos la casa que tenemos aquí e iremos a Italia en otoño. La vida es muy barata en Bolonia. Es posible alquilar un verdadero palacio por unos 250 dólares al año”.

A continuación, la señora Busoni nos invitó a recorrer otras salas de la vivienda. Atravesamos una estancia de paso que contenía antiguos grabados y pinturas, así como muebles muy pintorescos – “todo antiguo”, como dijo sonriente la señora Busoni. En esta habitación había un clavicordio de color rojo con un teclado doble. No era antiguo pero se trataba de una copia excelente realizada por Chickering.

Más adelante nos encontramos en un verdadero estudio de música, con un piano vertical y una gran mesa llena de fotografías y recuerdos. Sobre las paredes colgaban principalmente retratos de Chopin y Liszt. Atravesando esta habitación, llegamos al salón en el que había dos pianos de cola uno junto al otro. Esta es la estancia donde el maestro enseñaba y daba sus recitales, y aquí también pudimos contemplar muebles ricamente tallados. La señora Busoni hizo que nos fijáramos en la elaborada araña de plata antigua que tenía un acabado exquisito. Nos dijo que le había costado mucho tiempo encontrarla. Había varios cuadros del pianista y compositor en su juventud – uno de ellos cuando tenía doce años, de guapo jovencito con sus rizos, sus enternecedores ojos y su cuello blanco.

Busoni se unió a nosotros en el salón y la conversación derivó en sus futuras actividades. 

“Cuando haya terminado la nueva rapsodia vendrá a tocarla a América.” – le insistieron.

“¡Oh, Londres! Siento nostalgia de la ciudad. Es preciosa. También estoy muy encariñado de América. Ustedes saben que viví allí unos cuantos años. Mi hijo nació allí, es ciudadano americano. Sí, regresaré aunque todavía no sé cuándo, y en ese momento les aseguro que tocaré la rapsodia”.


BIBLIOGRAFÍA:

Brower, H. (1915). Piano Mastery. Talks with master pianists and teachers. New York: Frederick A. Stokes Company.

Traducción: Francisco José Balsera Gómez

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